LIMPIEZA Y REACONDICIONAMIENTO

DE UN RELOJ DE BOLSILLO

 

He aquí un reloj de bolsillo del tipo Roskopf, bastante común, sólido y robusto. Los Roskopf y sus muchas variantes y copias tuvieron buenos éxitos de ventas a principios de 1900. Eran relojes simples y relativamente económicos, pero fiables y muy atractivos. La historia de Georges-Frédéric Roskopf es muy interesante, y le dedicaremos capítulo aparte en otro momento en esta web, lo prometo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como se puede apreciar, este ejemplar no ha disfrutado de una buena limpieza desde hace mucho tiempo, así que se la vamos a dar ahora, y ya verán ustedes, lo dejaremos como nuevo.

Una vez retirado el pequeño tornillo fiador en la base del colgante, se saca la tija. (La tija es la cebolleta con la que se da cuerda, junto con su eje). A continuación la máquina sale con facilidad de la caja de acero, una vez se retira el tornillo y la solapilla que se puede observar sobre el círculo con la marca.

 

ATENCIÓN: La primera operación a realizar antes del desmontaje de cualquier máquina de reloj, es aflojar la tensión del muelle real (la "cuerda") Si no se hace así, en cuanto se desmonte el escape, el tren de rodaje saltará hecho pedazos.

Para quitar la tensión de la cuerda, proceda de la siguiente forma:

1) Gire ligeramente hacia delante la corona de dar cuerda.

2) Libere el trinquete del engranaje del barrilete del muelle real.

3) Deje retroceder poco a poco la cuerda hasta que pierda toda la fuerza. 

 

Ahora se retira el puente de volante. Esta operación se efectúa con delicadeza, a fin de no deformar el muelle espiral, y prestando atención para que no se doblen o rompan las cabezas de volante.

Es importante colocar los tornillos junto al puente al que corresponden, para volver a montarlos en la misma posición.

 

 

Le siguen los puentes del escape (éste es un modelo lateral de clavijas, típico de Roskopf), y el de la rueda de escape, que es de acero.

En este caso, y debido al largo tiempo en que el reloj no había sido desmontado, ha costado sacarlos. Cuando sucede así, es mejor sumergir todo la máquina en aceite penetrante durante 24 horas, para facilitar el desmontaje.

  

Muy bien. Cuando se quitan el puente del barrilete y los dos piñones superiores, es posible desatornillar y retirar la platina principal, debajo de la cual aparece lo que vemos: El tambor de la cuerda (dentro del cual se encuentra el muelle real), y los dos piñones del tren de rodaje. Son dos, y no tres, como es lo habitual, porque Roskopf se las arregló para incluir la primera corona en el propio barrilete, lo que le ahorraba material y mano de obra en el proceso de fabricación.

Atención: algunos de los tornillos en relojería roscan al contrario (a izquierdas), para oponerse al sentido de giro del piñón de que se trate, y evitar que se aflojen. Esto hay que tenerlo en cuenta en el desmontaje, para no forzarlos o romperlos. 

  

Bueno. Ahora ya podemos desmontar la base sobre la que giran el escape y su rueda, junto con el volante, y podemos comenzar a limpiar pieza por pieza. 

La limpieza se realiza de forma diferente dependiendo del material y de la forma de las piezas. Las platinas de latón pueden sumergirse en ácido clorhídrico (bajo vigilancia), hasta que quedan limpias. Se sacan y se enjuagan de inmediato con agua abundante. Las piezas de acero, con lanilla de cuatro ceros, con lija de 2000, con cepillo metálico, depende del tamaño y de la forma.

 

Este es el despiece. La porcelana de la esfera se limpia con paño humedecido en agua con una gota de champú neutro.

Las zonas pavonadas de la caja con lanilla impregnada de cera y mucha suavidad, a fin de arrastrar la suciedad y pulir, sin eliminar el pavonado.

La piezas muy pequeñas y delicadas como el escape o las saetas, es mejor limpiarlas con ultrasonidos.

El cristal se limpia primero con alcohol y luego se pule con pulimento de carrocero, rebajado al 50%.

Por supuesto, hay que eliminar hasta el último rastro de suciedad y grasa resecas.

 

  

 

Una vez limpias todas las piezas, se comienza el montaje en orden inverso.

Cada vez que la pieza lo requiera, se aceita. Engranajes, ejes y sus alojamientos necesitan lubricación. A la rueda de escape se le toca con el aceitador en uno o dos de los dientes, ella lo reparte luego. No emplee nunca ningún aceite que no sea especial para relojería. Esto es determinante para que la máquina no se pare al cabo de muy poco tiempo. No ponga aceite en exceso, eso no sirve más que para atraer polvo y parar la maquinaria.

 

 

 

El movimiento se encuentra casi completo.

Al haber desmontado las platinas, es posible que la separación entre el escape y su rueda haya variado ligeramente. En los relojes Roskopf existe un ajuste mediante un tornillo que trabaja contra una ranura en la platina del escape. Esto permite calar la distancia exactamente hasta que la marcha sea regular y estable.

 

 

Colocamos ahora la esfera, se centra y se sujeta por detrás con los dos tornillos al efecto.

Esta esfera tiene una cascadura a la altura de las 7, de la que nos ocuparemos a continuación.

Afortunadamente, la mayor parte del defecto queda oculto bajo el bisel del cristal anterior, por lo que apenas se va a notar la restauración.

 

 

La máquina se introduce en la caja, una vez en posición el pulsador de puesta en hora. Se coloca el tornillo con la solapilla y luego la tija y su tornillo fiador.

A continuación van las agujas. Primero la aguja horaria, y luego la minutera.

Para poner las agujas, basta situarlas en posiciones relativas coherentes. Si la horaria se coloca apuntando a la hora, la minutera debe señalar entonces  a las doce (es decir, a los cero minutos). En los relojes con sonería, naturalmente, hay que tomar otras precauciones.

 

 

El trabajo ha terminado, el reloj se ha montado ya completamente, se le ha dado cuerda y  funciona perfectamente, a falta de regular la marcha.

Observe la tapa guardapolvo que consiste en un bisel con cristal. este cristal es plano y muy, muy fino, por lo que hay que manipularlo con cuidado.

 

 

He aquí la pieza terminada, luciendo con toda su belleza, y lista para funcionar otros cien años sin problemas.

Nunca deja de sorprenderme la calidad de los materiales, y la dedicación y el trabajo con el que se construían estas pequeñas joyas, en un momento de la historia en el que ni de lejos se contaba con las herramientas y la maquinaria de las que disfrutamos hoy en día.

Vea qué pieza tan hermosa, funcionando de nuevo como el primer día, después de dedicarle tan solo un poco de atención, ¡y eso que éste era de los baratos!

 

 

 

 

 

 

 

Fin de la restauración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Inicio
Quienes somos
Dónde estamos
Tienda en Internet
Trabajos Realizados
Limpiar un reloj
Restaurar fonógrafo
Un poco de historia
Vapor Vivo
Curiosidades
¿Sabía usted que...?
Links
Contacto

Cajón Desastre | info@maquinasantiguas.com